Porque si acaso entendemos que "mártir" quiere decir "testigo", debemos decir que Tomás fue un testigo, un testigo fiel. Y ese sería su título preferido, me atrevo a decir, entre los mil que le hemos puesto.
Sus hagiógrafos a menudo nos
recuerdan que era grande su devoción al Cristo transubstanciado, y él
mismo referenciaba que aprendía más frente al Santísimo que frente a sus
libros; Tomás estaba destinado a ser un gran abad, cosa grande a los ojos de
Dios y de los hombres, pero se hizo un fraile pobre, (cosa grande casi
exclusivamente a los ojos de Dios, porque los hombres, salvo uno que otro Fr.
Luis de León, no ven con agrado la pobreza), ser fraile y fraile dominíco
significa ser estudioso del Señor y de su obra, ¡y darla a conocer! Fue fraile
cabal, que solo se dedicó a mirar al que es Verdad y contarnos lo que en Él está contenido. Se dedicó a estar ahí, cerca del Señor, ver
quién era y cómo actuaba, para venir presuroso a contarnos: "¡Miren,
miren, que por allá viene el Señor!" "¡He encontrado al Mesías!"
(Jn 1, 41); Tomás fue testigo fidedigno, hijo dilecto de una nueva Orden
religiosa cuya máxima dice apenas escuetamente "Contemplata allis
tradere", transmitir aquello contemplado. Y fue su máxima.
Llenó del Señor hasta rebasar; el "buey mudo" (como solían llamarlos sus compañeros de aula), mugió con un mugido tal que sigue maravillando al mundo entero, tal como lo profetizara Alberto Magno al conocerlo. Por todo esto, santo Tomás es testigo, mártir.
Llenó del Señor hasta rebasar; el "buey mudo" (como solían llamarlos sus compañeros de aula), mugió con un mugido tal que sigue maravillando al mundo entero, tal como lo profetizara Alberto Magno al conocerlo. Por todo esto, santo Tomás es testigo, mártir.
Pero voy a atreverme a más, Tomás -creo- como todo mártir, ha muerto a
causa de la Verdad, por amor a ella. Es conocido aquel renombrado dialogo de
Tomás con el Cristo, cuando de rodillas se nutre de la Verdad múnifica de Dios,
nostálgico, deseoso de aquello que solo veía en sombras:
"-Bien has hablado de mí, Tomás
¿que deseas de mí? -le dijo el Cristo-
- Solo verte a Tí, Señor."
Lope de Vega habríale respondido : -¿Qué deseo yo, mi Señor? en todo caso ¡¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?! Santa Teresa o San Juan de la Cruz le habrían dicho: ¡Muero porque no muero!, ¡Tú me mueves! ¡No me tienes que dar porqué te quiera! ¡Rompe la tela de este dulce encuentro! o podríale haber respondido como Pedro Malón de Chaile:
- Solo verte a Tí, Señor."
Lope de Vega habríale respondido : -¿Qué deseo yo, mi Señor? en todo caso ¡¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?! Santa Teresa o San Juan de la Cruz le habrían dicho: ¡Muero porque no muero!, ¡Tú me mueves! ¡No me tienes que dar porqué te quiera! ¡Rompe la tela de este dulce encuentro! o podríale haber respondido como Pedro Malón de Chaile:
Vuélveme , dulce Amado,
el alma que me llevas con la tuya,
o lleva el cuerpo helado
con ella, pues es suya,
o haz que tu presencia no me huya.
Pero Tomás era fraile, y le dijo: -"Tantum videre te, Domine."
Escueto, casi marcial. La voz de un soldado que pide la estancia sin soltar las
armas. "Solo verte a Tí, Señor", porque en eso, y solo en eso,
consiste la felicidad. Si quieres que pase de mi este cáliz, si quieres. Pero,
si acaso hiciere falta en el combate, no te olvides de mí.
El resto también es conocido: Tomás
conoce a Dios, ve la Bienaventuranza Eterna (Cfr. Jn 17, 3) y vuelto, lleno de
un amor inefable, todo le parece heno, pura sombra e imagen, su obra es tan
poco que merece el fuego. Y sus obras, bien para nosotros, salvan de las llamas
por muy poco. Sin embargo, Tomás se vuelve taciturno, nostálgico. Ya no escribe
más, se consume de amor, hasta que el amor lo busca y rompe la tela de ese
encuentro.
Tomás parte a ese encuentro el 7 de
marzo de 1274, hace 742 años. Nada.
Que deseemos lo mismo, Señor, y que
nuestro deseo sea nuestro premio.







