domingo, 22 de mayo de 2016

DISCURSO 25 DE MAYO n° 2 (2013)

Estimados directivos de nuestro colegio, padres, docentes, alumnos, personal no docente, presentes todos:  

De hace unos días a la fecha nuestro colegio se ha vestido de gala, los colores celeste y blanco parecían invadir por doquier nuestras entradas, nuestros pasillos, y Dios quiera también nuestro corazón. Algo estaba asomando. 

Y algunos no se daban cuenta…  

Hace unos 203 años nuestra patria, cuyos habitantes eran el resultado del mestizaje del indio, indómito habitante de esta tierra y del noble e hidalgo español, atravesaba tiempos nuevos y convulsionados, España había sido doblegada por enemigo externo: la Francia ya revolucionada. El juramento de fidelidad que los criollos habían hecho a la Corona de España no hallaba sustento, no solo porque el Rey español había caído preso de los franceses, sino y sobretodo porque España misma había sido infiel a sus orígenes. La España de 1810 no era la España que nos trajo la fe y las virtudes cristianas que forjaron esta tierra. España antes de caer ante los franceses había caído derrotada por sus enemigos internos, se había traicionado a sí misma y la mano que hería sus entrañas era su misma mano. Como la Roma que había caído sobre el dominio bárbaro, también los españoles facilitaron el desenlace olvidándose su origen y por tanto vagaban sin claro fin. 

De este lado de la mar las noticias llegaban tardías, pero un grupo de hombres estaban prontos a aprovechar la situación para declarar que estas tierras estaban lo suficientemente maduras para ser soberanas; no se trataba de ser desagradecido, sino de empezar a tomar vuelo propio; como cuando los hijos emigran de la casa paterna. 

Hago hincapié en el hecho de que era un reducido grupo de hombres el que avistó la gran oportunidad que la Providencia cernía sobre los tiempos que le tocaban vivir y ellos estaban dispuestos a llevar adelante semejante empresa que se celebrará con los siglos. El mito moderno que idolatra las masas nos hizo creer que fueron multitudes a reclamar por la destitución del Virrey Cisneros y sin embargo  las Actas del Cabildo solo dejan constancia de que ante el pedido de los criollos (principalmente el Comandante de Caballería Martín Rodríguez) el Síndico Procurador del Cabildo hizo lo siguiente: 
“viendo congregado un corto número de gentes con respecto a lo que se esperaba, inquirió que ¿dónde está el pueblo?” Ante la demanda de apoyo firman una nota “a nombre del pueblo” unos 290 militares, casi un centenar de ex militares, y 16 frailes.Este era el famoso “pueblo” de Buenos Aires. ¿Acaso esto hace menos meritoria la gesta? ¿Acaso la hace menos Argentina y soberana? Los enemigos de lo militar y eclesial tal vez lo pensarían y se rasgarían las vestiduras ante tales datos. Así nacía la Argentina, señores, hay que decirlo. Los que gestaron tamaña empresa eran los mejores de la ciudad, y eso no tiene que ver con un status económico social, NO SE CONFUNDAN que también entonces hubo acomodados burgueses; demasiado ocupados en la matemática de sus negocios. Traidores a la causa, por ignorantes o por canallas. Porque también hay que decir que el pueblo entero, y especialmente el más austero se volcó en total apoyo, incluso a costa de su propia sangre; dejando el cuero y entregando el alma por aquella patria naciente que ellos apenas comenzaban a forjar. Si no, basta con mirar a los gauchos de Salta y Jujuy, pelear tras el liderazgo de su gran capitán, para sostener lo que los hombres de Mayo habían dictado y coronarlo en la Declaración de Independencia de 1816, sosteniéndolo, INCLUSO, más allá de 1.821. 

Les pido que por un momento se sitúen en las circunstancias: tiempos difíciles, y había que sostener una decisión polémica ante una Nación que estaba dispuesta a enviar sus tropas experimentadas y profesionales a estas tierras que apenas comenzaban a dar sus primeras milicias. El hombre de campo y la mujer de la casa iban a aportar todo lo que faltare a la institución, el amor de los hombres iba a suplir la falta de experiencia y profesionalidad. Nuestros estadistas iban a decidir con firmeza y amor al Bien Común, nuestros soldados iban a dejar su vida, el pueblo entero apoya la gesta naciente; nuestro país comenzaba a forjarse, débil y paradójicamente fuerte, ante la mirada atenta del mundo. Y el mundo lo iba a escuchar. 

Valga plantear una cosa ¿De qué nos sirve este acto? ¿Acaso como una simple memoria de tiempos pasados? ¿No es este el país que empezaron a forjar los hombres del Mayo de 1810?¿No somos nosotros los continuadores de aquella gran gesta? ¿O será que ha tiempo ya hemos empezado a traicionar nuestros orígenes, nuestra historia, nuestra identidad? ¿Será que los hombres de hoy no están dispuestos a hacer lo mismo? 

Hace un mes, en Salta, se ha derrumbado sin mucho argumento de peso un monumento a los héroes de Manchalá, se tergiversa lo real, se desoye la historia, se escribe un relato paralelo. Se veja a los combatientes en vida. A esos que pusieron el pecho ante las balas de enemigo con ideas extrañas y métodos sangrientos. Y algunos no se dan cuenta…

La gente muere de hambre, por falta de alimentos, por falta de justicia, por falta de afectos, por falta de amor. Y por falta de verdad. Y algunos no se dan cuenta… 

Esta es la batalla que nos toca librar y estamos prestos a hacerla. 

Y tal vez aquí se estén gestando los hombres que colaborarán con esta nueva Patria, que es la misma de siempre; quizá sin ruido, en la silenciosa fidelidad de los que aman, o en el fragor del combate en la cosas públicas, todos colaborando en el bien integral de la sociedad. 

Ustedes son nuestra esperanza y  la razón de nuestra labor, sin la confianza en lo que ustedes pueden hacer no tienen sentido nuestros esfuerzos, nuestros desvelos, nuestro Colegio. Porque son el horizonte que nos hace caminar. Nuestra ilusión. 

Y dos cosas queremos decirles: 
"Que la ilusión solo es ilusión para aquellos que no tienen la potencia creadora de nutrirla y realizarla en el hecho." Como bien decía Papini. 
Y que “quien es fiel en lo poco, será fiel en lo mucho”  y quien es infiel en lo poco, un día será infiel en lo mucho, como lo dijo el mismo Cristo. 

Prepárense, no sea que el día llegue y  nos halle dormidos y los encuentre ocupados en la matemática de su egoísmo y entonces simplemente seamos de los que no se dieron cuenta. 

Que Dios nos bendiga y haga grande a nuestra patria.-

DISCURSO 25 DE MAYO n° 1 (para alumnos de secundaria)

Señor Rector, Profesores, Prefectos, cuerpo no docente, padres, alumnos: El Cabildo ayer.El Cabildo ayer.

Nos reunimos esta mañana del 24 mayo en el 2011 para recordar lo que sucedió hace más de 100 años en una mañana muy parecida.

El sentido de esta memoria no es simplemente anecdótica; ella nos habla de hombres concretos, argentinos como nosotros que se han visto ante una encrucijada: la fidelidad jurada al Rey de España o el gobierno propio, que nos habla de libertad y soberanía.

Es que la cosa no era tan simple: más de tres siglos de historia nos ligaban a la Madre Patria que nos legó lengua, cultura y religión. En estas tierras la palabra y el sentido de justicia aún eran cosa sagrada y nosotros nos debíamos en mucho a España. Pero algo había cambiado: La España de aquel momento no era la España de la conquista, la España que nos evangelizó y la España que nos inculturó:

“Las Españas de América –dice lúcidamente nuestro genial Caturelli- que habían conservado intacta la esencia de la hispanidad, resultaban ser, paradójicamente, más hispánicas que España; por ser fieles a sí mismas y al antiguo pero siempre presente proceso descubridor comenzado cuando Colón plantó la Cruz en las playas de Guanahaní, conquistaban ahora su independencia política.”

La Patria que había nacido en el mestizaje criollo de siglos anteriores ya estaba lista para soltarse la mano y empezar, por sí misma, a escribir su propia historia.

Así lo entendieron algunos de los principales hombres de Buenos Aires y por eso aprovecharon las circunstancias y sabiendo leer el deber de la hora se lanzaron con ardor de espíritu y una decisión inquebrantable a la conquista de la independencia. El pueblo acompaño a estos valientes hombres, primero desde la gloriosa e histórica Plaza de Mayo y luego desde los no tan elegantes pero no menos gloriosos campos de batalla, dispuesto a defender con armas y con su propia vida el grito de independencia. Hombres sabios y peritos, hombres rudos y campesinos, todos unidos en la común virtud del patriotismo y ahora recordados a través de los siglos.

No es simplemente anecdótica –decía- nuestra memoria de estos hechos pasados. A nosotros el recuerdo de tiempos gloriosos no nos convierte en románticos o melancólicos, el recuerdo de lo glorioso nos impulsa a la acción.

El padre Castellani se lamentaba de la decadencia de nuestro tiempo y escribía:

“Un país de plata, su nombre significa “La Plata” 
y la plata va siendo lo único que se acata.


Pobre patria en manos de hombres tenderos o charlatanes,
¡será posible hayan muerto ya todos tus capitanes!

Pobre patria en este ambiente de necios y de pelaires;
¡Que Dios te mande tormenta y buenos aires!”

El sentido de patria se iba perdiendo y hasta en las escuelas ya no se enseñaba patriotismo que es lo más necesario a una Nación, por eso este hombre tan culto decía extrañamente:

“Mas si yo tuviese un hijo le daría un buen caballo… 
para huir de las escuelas, los pedantes, los diarios.
  
No le enseñaría a leer, mucho menos a escribir,
lo enviaría a las estancias a soñar el porvenir
y a aprender la única forma digna nuestra de morir.”

Miren qué curioso porque también el Martin Fierro decía algo parecido:

“Hay hombres que de su cencia 
tienen la cabeza llena,
 hay sabios de todas menas;
mas digo, sin ser muy ducho:
es mejor que aprender mucho
el aprender cosas buenas.”

Nosotros queridos profesores y alumnos queremos dejar de lado el “bienestarismo” y la pedantería, es decir, el orgullo. Nosotros queremos aprender mucho, pero sobre todo queremos aprender cosas buenas, queremos levantar, juntos, como aquellos hombres del mayo de 1810 una patria soberana y eterna.

¡Tarea difícil si las hay! Pero no hubiese habido ni Mayo, ni acto, ni escuela, sin hombres de talante valiente. Eso queremos generar. Para eso nuestro colegio.

No me quiero despedir sin recordar la pregunta que una vez me hiciera y su respectiva respuesta en versos (espero que me tengan paciencia):

¿QUÉ ES SOBERANÍA?

Soberanía es la espada enterrada
De un viejo soldado del viejo Colón
En tierras ignotas plagadas de erratas
Y nacidas novatas en gran Fundación.

Es el cimiento de voces lejanas
Que cantan historias de grande valor.
Soberanía es la Plaza de Mayo,
El Congreso pintado de verde color.

Es la valiente Vuelta de Obligado,
Y es el  homérico gaucho montado
En legendarios corceles alados
que ya han conquistado El enorme temor

de invasores trajeados de rojos colores
y distintos colores, del mismo color…
Es el hombre del campo, la mujer de la casa
es el hombre de hombres, el hombre de ideas
y nuestro hombre fraguado en difícil acción

Es la gran montonera, el grito de Güemes,
un poncho colorado y un noble blasón.
Es el Andes helado y también…
El valiente soldado que en Malvinas luchó

Soberanía es el brazo esforzado que la tierra labró,
Soberanía es la voz que cantó en castellano
proezas del magno soldado y  la gran Religión

Es la guerra enconada al malvado malón,
Sea viejo, sea nuevo, que el alma no ceda,
Que se vista de pluma o se vista de seda
Si es el brazo enemigo de mi gonfalón.

Soberanía es la eterna custodia
De una cruz enterrada con grande tesón
Soberanía Es la guarda perenne
del “conditor” divino del gran Cicerón

Hoy nos encontramos reunidos de nuevo, en el patio de nuestro amado colegio frente a las banderas por las que lucharon nuestros abuelos y debemos hacernos aquellas dos preguntas que se hacía el pueblo en aquel momento: ¿Qué sucede? Y luego: ¿Yo que puedo hacer?

La Patria es memoria del pasado, pero sobre todo deber irrenunciable para con el futuro. No es para nosotros un mero cúmulo de emociones, fruto de la sensibilización de los afectos; tampoco creemos que la patria sea una mera construcción racional, producto del ocio de los hombres; la patria – y escúchenlo bien alumnos- es un don, un misterio, un camino de salvación; y por eso creemos en esa frase latina: “Pro Patria ad Deum” (Por la patria hasta Dios). Por eso entonces es deber de todos.

Así la entendemos, así la pensamos, así la amamos. Ese es nuestro deber. 

FELIZ DÍA DE LA PATRIA.

El Cabildo hoy.El Cabildo hoy.

lunes, 2 de mayo de 2016

HABLEMOS DE MÚSICA

“La historia no está así escrita de antemano y toda la historia es como una espléndida sinfonía en la cual Dios, amo de la historia, es un músico y la misma historia es esa inmensa sinfonía; este músico inefable conduce la historia y es a la contemplación adonde nos conduce.” (cfr. Henri Irene Marrou)
Queridos directivos, profesores, personal no docente, padres, alumnos:
El día 22 de noviembre se celebra el Día de música en honor a Santa Cecilia, mártir. Nos parece una iniciativa excelente la de celebrar un día de la música, y nos parece también oportuno que se la celebre en el día de una santa.
Es una gran iniciativa celebrar la música, pues con música celebramos toda ocasión de alegría, con música alegramos el corazón y aliviamos también alguna pena. ¿Cómo no celebrar la música si con ella expresamos nuestros más caros sentimientos y aún nuestros pensamientos más complejos, incluso mejor que lo hacen nuestras palabras?
Podríamos decir temerariamente: dime qué escuchás y te diré cómo sientes, te diré qué piensas y hasta qué tan cultivado es tu espíritu. Hazme oír música de tu pueblo y lo voy a describir. La música nos identifica. La hay para momentos alegres, para días nublados, para alentar en una cancha e incluso para recordar una batalla.
La música está presente en toda nuestra vida, y valga decir más: nuestra vida misma es música. El Universo lo es. La música es primariamente armonía, una melodía es armonía de sonidos en el tiempo… pero música también es un término que se ha utilizado para expresar el arte en general, que valga decir provenía de la inspiración de las musas, de allí el nombre de música.
La música se extiende a todo arte, y a la vez el arte puede extenderse a todo el universo, y es que el cosmos es orden, armonía, belleza ¿acaso no es armoniosa la variación de los días y las noches? ¿no es música el paso desde el verano al invierno? ¿No son ordenadas las estaciones del año a las que Vivaldi mismo le dedica una Obra, o mejor dicho las representa en notas sonantes? ¿No es música el árbol elevando siempre, o casi siempre, su copa al sol y enterrando sus raíces buscando minerales? ¿no es música la araña tejiendo su tela y el hornero batiendo las alas? ¿No es música aquellos colores y el viento que acaricia a los cerros?
Es verdad que hay tonos disonantes, los hay. Una enfermedad me suena a desafinación, la muerte es un ruido extraño, mis pequeñas desilusiones cotidianas son notas disonantes, rompen la armonía. O incluso tengo la sensación de que yo mismo soy el que no encajo en el todo. Pero fíjese: incluso con ellas podemos hacer una nueva melodía, recuerdo una película, se llama Crescendo, en ella la actriz principal decía lo siguiente: “las notas discordantes arruinan la sinfonía, como en un piano, si está desafinado, es inservible, las notas discordantes arruinan la sinfonía A MENOS que acojamos esa nota discordante y la utilicemos para usar una nueva sinfonía.”
El dolor, la enfermedad, la muerte, todo puede ser bien usado. Al respecto decía Borges que todo era “arcilla para su arte”, me permito citarlo, antes de terminar, aunque sea un poco largo; aquel día hablaba de la ceguera, su propia ceguera, y decía esto:
"La ceguera es un modo de vida (...), que no es totalmente malo, totalmente perverso, recordemos ahora los versos del mayor poeta español, de Fr. Luis de León:
"Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo."
Vivir sin odio es fácil (...) -continuaba Borges-, pero vivir sin amor es felizmente imposible para cada uno de nosotros (...) y si aceptamos que en el bien del cielo puede estar la sombra, entonces ¿quién vive más consigo mismo, quién puede explorarse más, quién puede conocerse más asimismo, según la sentencia socrática, que un ciego? (...) Forzosamente tiene que pasar horas de soledad, y para un escritor esto no es malo, el escritor vive la tarea de ser poeta, y no es tarea que se cumple con un determinado horario. Nadie es poeta de ocho a doce y de dos a seis, quien es poeta es poeta continuamente, se ve asaltado continuamente por la poesía, del mismo modo que un pintor, creo yo, siente que las formas y los colores están asediándolo, como el músico siente que el mundo de los sonidos, el mundo más extraño del arte, está buscándolo siempre, que hay melodías, y porque no discordias también, que lo buscan. Por esa tarea, para la tarea del arte, la ceguera no es del todo una desdicha, es una herramienta. Desde luego, para un escritor, o para todo hombre, todo lo que le ocurre es un instrumento, todas las cosas le han sido dadas por un fin, y esto tiene que ser más fuerte en el caso de un artista (..)todo lo que le pasa: incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras... todo le ha sido dado como arcilla como instrumento para su arte (...) Por eso yo hablé en un poema del antiguo alimento de los héroes, la humillación, la desdicha, la discordia, todo eso nos ha sido dado para que hagamos (...) cosas eternas, que quieren ser eternas (...). Todo eso me hace pensar que su desdicha no es desdicha total."
¿Quién puede entender mejor esto que una santa, y una santa capaz de dar la vida en testimonio de su fe? Si el cristiano es el más capacitado para descubrir la belleza del cosmos, su orden y su designios ¿no es también el más preparado para ver aún en las notas discordantes rastros de bien? Y es que en toda la creación se hallan vestigios del Creador…
Decía Chesterton: “El asombro tiene un positivo elemento de alabanza. (…).
Sentí en mis huesos, primero, que este mundo no se explica a sí mismo...
Segundo, llegué a sentir que la magia tenía un significado, y un significado debe tener alguien que lo signifique. En el mundo, había algo personal como una obra de arte. Lo que significara aquello, lo significaba violentamente.”
Y también dijo Pieper:
“Tales certezas significan fundamentalmente una sola cosa, siempre la misma: el mundo está en su sitio, todo llega a su meta; a pesar de todo, en el fondo de las cosas, hay paz, salvación y gloria; nada ni nadie está perdido, (…).
De este tipo de contemplación del mundo creado se alimenta incesantemente toda verdadera poesía y todo auténtico arte, cuya esencia es ser alabanza, loa, más allá de todo lamento. Y nadie que no sea capaz de esa contemplación puede componer de manera poética, esto es, de la única manera que tiene sentido. El carácter incesante del arte musical, su condición de necesario para la vida del hombre, reside, sobre todo, en que, a través de él, la contemplación de la creación se sustrae al olvido y permanece vigente.”
Quien así ve el mundo, ¿no verá también en lo discordante una oportunidad? Le basta tan solo mirar al Dios crucificado, el más bello de los hombres alcanza su plenitud desfigurado. Parece una paradoja y no lo es: ahora lo deforme y lo discorde es oportunidad.
Santa Cecilia hizo de su muerte un hermoso canto de alabanza; y su vida, sin haber entrado en cadencia, sino acallada violentamente, es puerta al coro de los ángeles…
¿Recuerdan a los jóvenes caldeos que son capaces de cantar y bailar en el horno ardiente? De ese modo imagino a Santa Cecilia, quien también cantaba a Dios en sus angustias. Todo es motivo de alabanza.
Por último quiero recordar otra película, August Rush, el personaje principal cierra diciendo: “Escucha. ¿La oyes? La música. Yo la oigo en todas partes. En el viento, en el aire, en la luz. Está por todas partes. Todo lo que tienes que hacer es abrirte. Todo lo que tienes que hacer es escuchar.”
La vida es música, escuchá, cantá, bailá. Pero esperá; que hay un lugar en donde las discordias ya no existen; por eso le pidamos a santa Cecilia que nos susurre en sueños un cántico celestial, que nos haga -a todos- nostálgicos del Paraíso.

martes, 22 de marzo de 2016

PRESENTACIÓN DEL LIBRO MENTIRÁS TUS MUERTOS -SALTA 2015-

La Función que hoy me compete como presentador de estos hombres, es a la sazón la misma que tiene quien me la ha encargado: a saber el Centro de Estudios en Política, Historia y Derechos Humanos Salta: esta función no es otra que ser Puerta, no más que puerta, pero tampoco menos que eso. Y Su función es importante, en este caso, en tanto apertura, pasividad de quien deja que lo que tenga que pasar pase: no es en este caso división, sino invitación, al modo de aperitivo, pues aperitivo viene del latin “aperio”, que significa abrir; por tanto rápidamente vamos a hacernos de lado, sin llamar mucho la atención para que esta puerta no sea estorbo ni demora, sino aperitivo que invite a la inteligencia a degustar de su objeto propio: la verdad.

Esta es nuestra primordial tarea, no sin antes decir algo respecto a todo esto que va a suceder a continuación, así que permítame ser, aunque sea brevemente, como es mi intención, un buen presentador de esta suculenta mesa:


Tenemos presentes entre nosotros a los sres. José D’Angelo y Luis Labraña, quienes nos complacen son su visita. José Luis D'Angelo Rodríguez  nacido en Mendoza en 1956 es militar y periodista. Egresó del Colegio Militar de la Nación como Subteniente de infantería en 1980 y en los años  1987 y 1988 participó en los episodios protagonizados por los denominados carapintadas, en el año 1989, mientras era miembro de la Compañía de Comandos 601, asistió como voluntario a defender el Regimiento de la Tablada que había sido atacado por los guerrilleros del Movimiento Todos por la Patria. Hoy D’Angelo oficia de periodista y profesor de periodismo,  ha dirigido diversas publicaciones acerca de los sangrientos años 70’s y ha fundado una asociación que intenta conciliar a víctimas militares y guerrilleras de la violencia desatada en esos años de fuego.


El sr. Luis Labraña fue militante activo de las FAP, Fuerzas Armadas Peronistas, primero y de la Agrupación Montoneros después, ambas organizaciones guerrilleras armadas que perseguían el ideal de la patria socialista, fue durante muchos años un exiliado en Europa donde también fue profesor universitario y hoy siendo licenciado en lingüística se dedica a la docencia y sigue trabajando por la patria, pero esta vez buscando la pacificación en la verdad. No se define un “arrepentido” pues aun reconociendo errores cometidos en la juventud se sabe convencido de lo que hacía, sin cargar en la conciencia con ser un entregador de sus antiguos compañeros de armas.

Estos señores nos honran por su presencia en ocasión de presentar el reciente libro de José Luis D’Angelo, que valga decir: está dando mucho qué hablar. Es un libro polémico, sin embargo eso, y tal vez también un poco a causa de eso, el Centro de Estudios Salta ha querido presentarlo aquí, en la valiente Salta.

Es que es un libro que viene a poner sobre el tapete lo que muchos argentinos quieren saber: ¿qué es lo que realmente se está haciendo con la actual política de Derechos Humanos? Es un sentimiento cada vez más común este que ante cada acto en esa línea nos planta frente a una encrucijada en la que los pensamientos y sentimientos se vuelven ambiguos y encontrados, ¿es realmente todo esto un homenaje a las víctimas? ¿Todo esto es una tribuna dónde se predica la justicia para con las víctimas de tiempos tan convulsos o es más bien una especie de escenario burlesco, teatral, o circense dónde se saca provecho de aquellos que, convencidos, dieron su vida por un ideal? Bien lo plantea el sr. Luis Labraña, conocedor de primera mano de todo esto, podría enseñarnos no solo de los hechos, sino acerca de la manera de cómo leerlos: con la apertura intelectual de quien busca desinteresadamente la verdad, muestra de lo cual es su propia vida. Es ese precisamente el mérito que el sr. Labraña reconoce al sr. D’Angelo:  el de la profundidad y la honestidad intelectual, y es un mérito que también nosotros queremos reconocerlo, a D’Angelo y a Labraña, creo personalmente, convicción religiosa aparte, y salvando las distancias que el sr. Labraña es un Agustín de Hipona de nuestro tiempo y nuestro espacio, de aquel que abreva incesantemente en diversas fuentes hasta que finalmente su corazón inquieto descansa en la verdad. Es un proceso, Luis, que esperamos tenga final feliz.

Profundidad y honestidad intelectual es lo que Luis reconoce en José, y también eso reconocemos nosotros: este es un tema muy delicado que hay que tratar con mucho respeto, no se puede abordar superficial ni tontamente, como quien toma un cristal valioso con manos toscas. José no solo demuestra en su obra que tiene el temple de hombre de bien, honesto y desinteresado, sino que además, es un hombre capaz, pues no basta con querer hacer el bien, además es preciso hacerlo, y hacerlo bien.

D’Angelo, y ya termino, ha dado muestra cabal de capacidad intelectual para leer con profundidad y generosidad de miras este tema tan escabroso, su trabajo no es solo acumulativo de datos, tiene además la intuición empática que se requiere en historia para amalgamar los datos sueltos, y en ocasiones ocultos… en las páginas de “Mentiras tus muertos” no solo hay honestidad, hay inteligencia, en sus páginas no solo hay recortes de noticias, en estas páginas desfilan Aristóteles, Tomás de Aquino, Agustín de Hipona, Hegel, Marx, Sun Tzu, Gramsci y Fukuyama, aunque no se los nombre siquiera una vez. Todos bien comprendidos y sintetizados en un libro periodístico e inteligente, al alcance de todo hombre, que como nuestro Luis Labraña tenga la capacidad para degustar una verdad que duele, pero que es preciso abordar, como es preciso que drene la sangre coagulada.

Verdad es lo que buscamos, sin pretendernos dueños de ella, sino más bien buscadores, pero sin intereses espúreos, es por eso que llamamos al diálogo, abrimos al dialogo, que más bien creemos se trata de una trilogía donde tres logos se encuentran: el tuyo, el mío, el de la cosa misma, mi inteligencia y la tuya confluyen en la verdad, siempre y cuando no tenga la voluntad de desviarla.

Muchos son los inconvenientes que se presentan en esta empresa. Lo saben muy bien quienes vinieron con tanta generosidad a visitarnos, MUCHOS SON LOS INCONVENIENTES, pero no venimos a traer la espada, como quien divide, venimos a traer, si me permiten la analogía, una cruz o una alianza que nos una. Otros fueron los tiempos de la espada, y en otros tiempos fue necesaria, no creemos que este lo sea en esta hora. Queremos hacer un aporte a la verdad, no tenemos todos los medios ni aparatos propagandístico, tampoco creemos que los necesitamos: Agustín de Hipona decía: “La verdad es como un león, solo dejala suelta y ella se defenderá sola.” Y Carlos Sacheri, con quien siento mucha cercanía por ser él profesor de filosofía, como yo, aunque muerto en aquellos años de sangre dijo: “El marxismo necesita el monopolio exclusivo de la propaganda; la lucha eficaz contra el marxismo comienza a tener éxito cuando uno logra hacer sentir su tímida y pequeña voz individual frente a todos los sonoros altoparlantes de la propaganda marxista. Cuando hay otra campana ya la gente comienza a recuperar su condición de ser racional y comienza a pensar, a no dejarse invadir por los slogans”.  No importa si es el marxismo o cualquier otra ideología, la bandera no nos interesa si no es amiga de la verdad.

Buscamos el Bien Común de nuestra Nación, Bien que sabemos convertible con la Verdad, buscamos sí justicia, pero convencidos de una cosa: no es posible la justicia sin verdad. Estamos preocupados y dolidos con tanto oportunismo en el que se irrespeta a las verdaderas víctimas y en el que, faltos de escrúpulos se inventan víctimas y claro, también algunos victimarios. Ante esto predicamos nuestra máxima: “La verdad nos hará libres.” Nos la merecemos todos los argentinos.

Con estos valientes hombres y esta inteligente obra queremos invitarlos a pensar, y también pedirles que recibamos a hombres tan generosos, valientes e inteligentes con un fuerte aplauso.

http://www.lagacetasalta.com.ar/nota/31764/sociedad/lagacetasalta.com.ar

DISCURSO POR EL ACTO DEL DÍA DE LA MEMORIA POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA (Para alumnos de primaria y secundaria) Año 2012

“Un reino dividido contra sí mismo está condenado a desaparecer”, dijo Dios. Lo dijo Dios, Cristo, la Palabra eterna, por labios del evangelista Marcos: “Un reino dividido contra sí mismo, está condenado a desaparecer”.

Eso han querido, amados compatriotas (y perdonen que no haya sido formal en el inicio de mi discurso): Sra. Directora, señor Vice director, docentes, prefectos, personal no docente, padres, alumnos: un cúmulo de intereses representativos de algunos han querido hacernos desaparecer en la diversidad, en la no – identidad de un pueblo. Es que dos importantes bandos han peleado, hermanos, hasta la sangre y más aún por decidir el rumbo que debía tomar nuestra nación. Ha sido una guerra fratricida por quienes se han denominado “jóvenes idealistas” y quienes se consideraban custodios de la patria. Los hermanos se han peleado.

“Los hermanos sean unidos,
Porque ésa es la ley primera.
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea
Porque si entre ellos pelean
Los devoran los de ajuera.”

Este gaucho rotoso, y que se ha portado mal en ocasiones, supo dar sabios consejos a sus hijos:

“Porque si entre ellos pelean
Los devoran los de ajuera.”

Cuando era niño - recuerdo- solía juntarme con mis primos (que eran muchos a la sazón) en casa de mi abuela, y de allí íbamos a jugar fútbol, contra los de esa cuadra, contra los de otra; no éramos buenos, pero nos conocíamos. No es que siempre ganáramos, pero una cosa era segura: cuando nos peleábamos, nos ¡“devoran los de ajuera”!. Quizá sea por eso, entre otras cosas, que nuestras mamás siempre cuidaban y cuidan porque seamos unidos y no estemos peleando. Nuestros padres quieren una familia unida, alumnos, y por eso en ocasiones deben regañarnos y no está mal eso.

Hemos sido víctimas de intereses ajenos a nuestro ser (nos devoran los de ajuera). Hoy la patria, que es madre, nos regaña, nos dá un tirón de orejas, y se duele, créanme profundamente cada vez que reflotamos nuevos odios,  nos recuerda que está mal pelearse; ¡el mal que nos causó!

Perdonen que haga saltos de la patria a la familia y de la familia a la patria, pero es que están tan relacionadas… y es curioso porque Marcos evangelista después de la frase citada dice: “Y una familia dividida tampoco puede subsistir”. Es que lo que se practica en la familia se demuestra en la vida social y ciudadana. Hay que cuidar la familia y se salvará a la patria. Nuestros abuelos procuran no dejar la familia dividida a su muerte, la patria gime de dolor cuando queremos reavivar viejas heridas.

Es magnánimo recordar en la mesa navideña los males que me ocasionó mi hermano, y sin embargo sentarme en la misma mesa a disfrutar y planificar la familia, no tolerándolo sino amándolo. Con todo y sus defectos.

Olvidar no es posible, ni lícito tampoco. La memoria es un hecho que no podemos evitar en los sucesos trascendentes y es también una luz de alarma ante eventos subsiguientes: “quien no conoce su historia está condenado a repetirla”, decía el español Ruiz de Santayana, y tenía razón. Pero a la historia hay que asumirla no como quien tiene una cadena al tobillo, sino como quien se tensa antes de dar el brinco y eso requiere de grandeza.

Un gesto tal fue el de Belgrano, que aunque extraños y enemigos de su patria, después de importante batalla hizo una inscripción en una cruz que decía: “a los vencedores y vencidos”. Gesto magnánimo el de San Martín que se negó empuñar la espada contra compatriotas (y pensar que muchos siguen haciéndolo día a día). Es a los muertos a los que recordamos, a ese triste saldo que nos ha quedado a más de treinta años; muertos de la fuerzas oficiales y las que no lo eran, “izquierdistas” y “derechistas”, niños y viejos, ricos y pobres, todos argentinos; NUESTROS muertos, “vencedores y vencidos”. "Una verdad a medias no es media verdad, es una mentira" decía Estrada, también es importante recordar eso. Preciso es no dejarme engañar por aquellos que están interesados en continuar la guerra con los odios. Debo recordar, pero recordar todo para no caer en simplificaciones contrastantes, buscar la verdad, porque en la verdad se hallará la justicia, que no es igual que venganza; por favor no confundir.

Tampoco debemos caer en los vicios opuestos de una historia negra o color de rosa, son banquinas que debemos evitar: “la verdad nos hará libres”. Pero “para ser libres nos ha liberado el Señor”, dice San Pablo; nos ha liberado de nuestros egoísmos, de nuestra carnalidad pequeña y encerrada en los límites de mi diminuta temporalidad, para dar un salto  más allá de este tiempo y de todos los tiempos. Por eso creo que muchas veces del laberinto solo se sale por arriba, es preciso elevar los ojos y jurar como juraron todos nuestros próceres defender mi patria en honor a la Justicia y a la Verdad. Porque como decía Fierro:

“Que no tiene patriotismo,
Quien no cuida al compatriota.”

Y eso empieza ya por casa.

“Levantate, toma tu camilla y sígueme”.

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Nos sentimos heridos y agobiados.
Precisamos tu alivio y fortaleza.
Queremos ser nación,
una nación cuya identidad
sea la pasión por la verdad
y el compromiso por el bien común.
Danos la valentía de la libertad
de los hijos de Dios
para amar a todos sin excluir a nadie,
privilegiando a los pobres
y perdonando a los que nos ofenden,
aborreciendo el odio y construyendo la paz.
Concédenos la sabiduría del diálogo
y la alegría de la esperanza que no defrauda.
Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor,
cercanos a María, que desde Luján nos dice:
¡Argentina! ¡Canta y camina!
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Amén.

domingo, 20 de marzo de 2016

"QUIERO SER BURRO" Domingo de Ramos

En la mañana soleada de hace una década, a campo abierto, cuando en floreciente juventud un grupo de amigos intentaba descubrirme los ojos a la fe pensaba esto: “Cómo hubiera querido estar en los tiempos del Mesías, podría haber sido su discípulo valiente, un soldado que cortara, no una oreja sino las amarras enteras de mi Salvador, etc. etc.…”

Es que en la temprana juventud uno descansa las esperanzas en las propias fuerzas; y como queriendo justificar la cosa: las propias fuerzas en esta etapa parecen insuperables, el fervor es genuino y tremendo… y sin embargo conserva no solo inocencia, sino además algo de ingenuidad y una dosis de orgullo voluntarioso.

Ahora el tiempo despierta en mi corazón un ansia más pequeña pero quizá más acorde a mi realidad: la del borrico.

Cómo agradecería ser como aquel asno que el Señor misericordiosamente eligió de antemano (Mt. 21, 2). Sé que al cargar en una entrada triunfal al Rey de los reyes seré la envidia de los mejores corceles; y a la vez –orgulloso y empacón- la vergüenza de mí mismo, pero ni lo uno ni lo otro guardan importancia ante tal honor.

Creo que esa fe inicial era la de los hijos del trueno (Mt. 20, 22), o tal vez la del valeroso Pedro antes de terminar la Cena (Mt. 14; 21). La fe de hoy ya “lloró amargamente” (Lc. 22; 62) y tal vez sea serena aunque timidona y desconfiada de uno mismo, quizá como la de Pedro antes de Pentecostés; ojalá en algún momento sea la fe certera del Pedro que sabe lo que Dios hace con la miseria humana. Ojalá a este burro Dios también le ponga una soga y lo lleve a dónde él no quiere (Cfr. Juan 21; 18); ojalá sea tan fiel que a donde vaya lleve siempre a su Señor.

Si hasta la burra de Balaam pudo profetizar, este balbuciente también podrás si se lo pides y acompañas.

Sigue eligiéndome, mi Rey, que aunque burro y todo quiero servirte. Como héroe, como soldado, como valiente, como burro. “Dame lo que me pides, y pídeme lo que quieras”.



domingo, 6 de marzo de 2016

SANTO TOMÁS ES MÁRTIR


Porque si acaso entendemos que "mártir" quiere decir "testigo", debemos decir que Tomás fue un testigo, un testigo fiel. Y ese sería su título preferido, me atrevo a decir, entre los mil que le hemos puesto.
Sus hagiógrafos a menudo nos recuerdan  que era grande su devoción al Cristo transubstanciado, y él mismo referenciaba que aprendía más frente al Santísimo que frente a sus libros; Tomás estaba destinado a ser un gran abad, cosa grande a los ojos de Dios y de los hombres, pero se hizo un fraile pobre, (cosa grande casi exclusivamente a los ojos de Dios, porque los hombres, salvo uno que otro Fr. Luis de León, no ven con agrado la pobreza), ser fraile y fraile dominíco significa ser estudioso del Señor y de su obra, ¡y darla a conocer! Fue fraile cabal, que solo se dedicó a mirar al que es Verdad y contarnos lo que en Él está contenido. Se dedicó a estar ahí, cerca del Señor, ver quién era y cómo actuaba, para venir presuroso a contarnos: "¡Miren, miren, que por allá viene el Señor!" "¡He encontrado al Mesías!" (Jn 1, 41); Tomás fue testigo fidedigno, hijo dilecto de una nueva Orden religiosa cuya máxima dice apenas escuetamente "Contemplata allis tradere", transmitir aquello contemplado. Y fue su máxima. 

Llenó del Señor hasta rebasar; el "buey mudo" (como solían llamarlos sus compañeros de aula), mugió con un mugido tal que sigue maravillando al mundo entero, tal como lo profetizara Alberto Magno al conocerlo. Por todo esto, santo Tomás es testigo, mártir.
Pero voy a atreverme a más, Tomás -creo- como todo mártir, ha muerto a causa de la Verdad, por amor a ella. Es conocido aquel renombrado dialogo de Tomás con el Cristo, cuando de rodillas se nutre de la Verdad múnifica de Dios, nostálgico, deseoso de aquello que solo veía en sombras:
"-Bien has hablado de mí, Tomás ¿que deseas de mí? -le dijo el Cristo-
- Solo verte a Tí, Señor."

Lope de Vega habríale respondido : -¿Qué deseo yo, mi Señor? en todo caso ¡¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?! Santa Teresa o San Juan de la Cruz le habrían dicho: ¡Muero porque no muero!, ¡Tú me mueves! ¡No me tienes que dar porqué te quiera! ¡Rompe la tela de este dulce encuentro! o podríale haber respondido como Pedro Malón de Chaile:
Vuélveme , dulce Amado,
el alma que me llevas con la tuya,
o lleva el cuerpo helado
con ella, pues es suya,
o haz que tu presencia no me huya. 
Pero Tomás era fraile, y le dijo: -"Tantum videre te, Domine." Escueto, casi marcial. La voz de un soldado que pide la estancia sin soltar las armas. "Solo verte a Tí, Señor", porque en eso, y solo en eso, consiste la felicidad. Si quieres que pase de mi este cáliz, si quieres. Pero, si acaso hiciere falta en el combate, no te olvides de mí.

El resto también es conocido: Tomás conoce a Dios, ve la Bienaventuranza Eterna (Cfr. Jn 17, 3) y vuelto, lleno de un amor inefable, todo le parece heno, pura sombra e imagen, su obra es tan poco que merece el fuego. Y sus obras, bien para nosotros, salvan de las llamas por muy poco. Sin embargo, Tomás se vuelve taciturno, nostálgico. Ya no escribe más, se consume de amor, hasta que el amor lo busca y rompe la tela de ese encuentro.

Tomás parte a ese encuentro el 7 de marzo de 1274, hace 742 años. Nada.

Que deseemos lo mismo, Señor, y que nuestro deseo sea nuestro premio.